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martes, 19 de mayo de 2015

(copa)
Azna y su hijo
  • La entrada de la familia Rato en el sector bancario fue un tremendo fiasco, un presagio de lo que haría Rodrigo Rato medio siglo después en Bankia. En 1967 el padre y el hermano de Rato protagonizaron uno de los mayores escándalos bancarios del franquismo. Utilizaron el Banco de Siero, propiedad de la familia, para evadir a Suiza más de 70 millones de pesetas. Fueron condenados a 3 y 2 años de cárcel respectivamente, y a pagar una multa de 176 millones de pesetas. El gobierno intervino el banco y tuvo que hacer frente a los depósitos de los clientes. Aún así, Dios aprieta pero no ahoga, y los Rato continuaron cómodamente sus aventuras políticas y empresariales en el tardo franquismo y ya en plena “democracia”.
    Rato, siguiendo las instrucciones de Aznar y del gran capital español, fue el responsable de las privatizaciones de algunas de las empresas públicas más rentables como Argentaria, Repsol, Gas Natural, Endesa, Telefónica o Tabacalera. En esto hay que decir que fue un alumno aventajado de Felipe González, el pionero en esto de las privatizaciones. En todas ellas Rato siguió el mismo esquema: primero situó al frente de cada una de las empresas públicas que salían a bolsa a hombres de su confianza y de la de Aznar, como el caso de Villalonga al frente Telefónica; después se vendía la empresa en cuestión a un precio inferior a su valor real, que casi siempre quedaba en manos de quienes habían sido designado como presidentes, e inmediatamente se declaraban planes de ajuste y despidos brutales que recortaban los derechos de las plantillas.
  •  Rodrigo Rato acrecentó su fama de “gestor” cuando fue nombrado director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), cargo al que llegó no por méritos sino por una intensa campaña diplomática dirigida por el gobierno del PSOE de Zapatero. Abandonó a mitad de mandato, y años después el FMI publicó un informe interno que hacía una crítica despiadada de su gestión: “no anticipó la crisis, su ritmo ni su magnitud”. Para consuelo de Rato, el resto de los gestores del FMI demostraron exactamente el mismo tipo de ineptitud, y el hecho de que los últimos tres responsables del FMI hayan terminado envueltos en escándalos de corrupción o de otro tipo, prueba una vez más la hipocresía repugnante que impregna todo la moral de un sistema podrido..
  • En la actualidad hay unas 1.700 causas por corrupción abiertas con cientos de imputados, entre los que se encuentran “ilustres de la política” como Chaves, Griñan. Rato o Pujol, empresas, dirigentes sindicales, y un largo etcétera. Mandar a algunos de ellos a prisión, por tiempo escaso, permite aparentar que el sistema funciona. Pero una cosa es clara: un pacto contra la corrupción urdido por los defensores del capitalismo es lo mismo que poner al zorro cuidando del gallinero. La corrupción y el capitalismo van de la mano y sólo se podrá acabar con ella mandando al basurero de la historia, y con métodos revolucionarios, a un sistema económico que permite que una minoría acumule una riqueza obscena mientras la inmensa mayoría de la población sufre todo tipo de calamidades para sobrevivir.

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